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21 enero 2010

Crónicas Tanzanas V: Babati. (1ª Parte). El dinero no lo compra todo.


El lago Manyara es visible camino de Babati

Decía Milan Kundera que el vértigo no es el miedo a la caída, ya que también en lo más alto de un mirador provisto de barandilla, podemos sentirlo. El vértigo significa que la profundidad nos atrae, nos seduce, y nos despierta el deseo de caer, del cual nos defendemos espantados.


Esta hubiera podido ser una crónica montañera, como su principio presagia, y como nuestras intenciones en aquel momento proponían, pero también en Tanzania el hombre propone, y los dioses (en este caso Morfeo) disponen.

El caso es que aquel día el despertar en Arusha fue muy duro (y sobre todo muy lento), y el primer autobús a Babati hacía ya rato que había salido, cuando los 4 llegamos a media mañana a la estación, con las mochilas cargadas con la ilusión de escalar otro volcán en Africa.

Hakuna matata! No problem! El optimismo local, tras meses de estancia en el país, nos había calado hondo, y pensamos que si el segundo autobús hace un viaje rápido, aun estamos a tiempo de hacer el trasbordo hacia Katesh, y al día siguiente comenzar la ascensión al Monte Hanang.

Tras 2 horas de viaje recorremos la asombrosa distancia de 80 km. Los autobuses a Babati son de la empresa "Mtei" y tienen unas ruedas enormes, ya que la mayoría del trayecto es por pistas de tierra. En descenso el vehículo alcanza los 90 o 100 km/h en punto muerto y bajando por gravedad, siempre tratando de coger inercia para que en la siguiente subida los pasajeros no tengan que bajarse a empujar.

Autobús saltarín
Cada cuesta arriba es una desesperación, el bus pasa de cuarta a tercera, luego a segunda, hasta que a 15 km/h al chofer no le queda más remedio que meter primera para poder terminar la pendiente.
La medida entre ejes es corta para la longitud del autobús, esto provoca que desde la rueda trasera hasta el final la distancia sea muy grande, y cuando se pisa un bache los ocupantes de las últimas filas salgan despedidos de sus asientos hacia el techo dando un bote enorme a pesar de sus esfuerzos por agarrarse.
Las primeras veces todo el mundo se troncha de risa con la gracia. Los de alante y los del medio miran para atrás cuando notan que la primera rueda pasa el boquete, anticipandose al salto que se avecina cuando pase la segunda rueda. El descojone de todos es general pero tras 4 horas de viaje os podeis imaginar las ganas de chiste que les quedaban a los pobres saltarines del fondo del autobús.

El calor aprieta y el polvo entra por todas partes. Vamos cruzando infinidad de aldeas de barro. La gente ocupa la carretera, unos caminan, otros van en burro, los niños salen del cole. En cada pueblo grande el autobús hace una parada y los vendedores ambulantes ofrecen su mercancía desde la calle. En medio del alboroto, levantan sus manos llenas de objetos hasta las ventanas. Tienen de todo: galletas, fruta, agua, cocacola, tarjetas de recarga de móvil, pilas, ¡un peine! una camiseta del barça, crema de manos, cepillos de dientes.
Mzikaki (brochetas) y Chipsi maiae
Delante de mí una señora pide por la ventanilla un chipsi maiae (tortilla de patatas fritas) a un vendedor de agua. El chico se apresura y sale corriendo hasta un puesto de comida callejera de la plaza, mientras los pasajeros van subiendo y bajando apretujados por el pasillo. El cocinero de la calle toma nota y comienza entonces batiendo los huevos. Casi todos los ocupantes del autobús están ya sentados y listos, cuando los huevos empiezan a chisporrotear en la sartén. La bocina pita indicando la inminente salida y arrancamos muy despacio entre la gente, el chico del agua recoge la tortilla caliente en una servilleta de papel y empieza a correr. La entrega del chipsi se produce ya en marcha saliendo de la estación y la devolución de las vueltas termina con el pobre vendedor totalmente asfixiado, y llegando ya a la carretera general.

En Tanzania algunas veces sube un promotor de cualquier cosa en cualquier pueblo, se sitúa en el pasillo y a modo de teletienda, en vivo y en directo, ofrece las ventajas de su catálogo de productos a la viajera concurrencia, que compra en masa hipnotizada todo lo que el promotor les oferta.

A pesar de lo ameno del viaje, estamos preocupados por el trasbordo. Está claro que ya no podremos viajar en autobús hasta Katesh, pero no dudamos que en cuanto bajemos en Babati, decenas de taxistas acudirán a nosotros, negociaremos, y aunque por un poco más de pasta de lo presupuestado, llegaremos casi de noche a nuestro destino.

Después de tanta subida a 15 por hora el paisaje cambia debido a la altitud, ya estamos llegando. El aire es fresco, está nublado y todo es verde alrededor. Babati está en una meseta donde la tierra es oscura y húmeda. El autobús entra en la población y se detiene en un descampado enorme que hace las veces de plaza del pueblo. Fin de trayecto. Desde la ventana ya podemos ver una veintena de taxis en el exterior. ¡Uf! ¡Menos mal! Hay donde elegir. La competencia hará incluso que podamos continuar por un precio no excesivo.
Estos si son problemas de transporte

Bajamos y nadie acude hasta nosotros. No nos atosigan ni acosan con preguntas... ¡Eh! ¡Qué estamos aquí...! ¡Somos turistas...! Nada...

Finalmente somos nosotros los que nos acercamos a los taxistas, que despreocupados, están de charleta y risas entre ellos, pasando de nuestra soberbia y sin hacernos ningún caso.

Habari! Queremos ir a Katesh. ¿Alguien puede llevarnos? Hay que decir que de Babati a Katesh hay 70 km, y llevar a 4 personas supondría una tarifa después de negociar de unos 60 o 70 dólares. Una pequeña fortuna para unas horas de trabajo.
Nadie se inmuta, estamos perplejos, tenemos que insistir varias veces, pero los taxistas parecen preferir su conversación y ni siquiera nos miran. Al cabo de un rato alguien se ofrece por ciento y pico dólares, pero saliendo al día siguiente porque hoy es ya muy tarde. Nos parece muy caro y además queremos llegar hoy, de otro modo no podríamos subir el Monte hasta pasado mañana, y nuestras vacaciones son sólo de 3 días. Otro chofer con bastante desgana baja un poco la oferta, pero siempre por encima de 100 dólares. Otro que va como una cuba dice que nos lleva por 50, este además si que es pesado y no se despega ni 20 cm de nuestras caras, además ni siquiera vemos que tenga coche... Empezamos a pensar en que nos tendremos que quedar en Babati. Cambiamos nuestra pregunta. ¿Alguien conoce un hostal por aquí cerca?

06 enero 2010

Crónicas Tanzanas V: Babati. (2ª Parte). Si pasas de ahí, mueres.


El Monte Hanang desde el Lago de Babati

Una vez dormidos, y desayunados, y aún asimilando que el objetivo del viaje era definitivamente inalcanzable, decidimos dar un paseo por la encantadora ciudad de Babati.
Rodeados de verdor y humedad emprendemos camino para llegar hasta donde nos han dicho que unos "mzungus" (hombres blancos) construyeron hace años una planta de gas ecológica, que todavía hoy funciona y además proporciona electricidad y permite cocinar a unos pocos vecinos de las afueras del pueblo.

La planta está a unos 6 o 7 km , de manera que el camino se hace pesado a ratos cuando el calor empieza a apretar.

Una vez en el lugar, enseguida apreciamos que tiene todo el aspecto de una granja. El "encargado" nos confirma que efectivamente  así es, y nos conduce por los corrales y establos, enseñándonos todos los rincones de aquel sitio hasta llegar a un recinto compartimentado donde unas pocas vacas (cuatro) rumian relajadas mientras nos miran con indiferencia.
Las vacas son suizas, como la de Milka pero no en morado claro, sino en blanco y negro. Nos dicen que las trajeron también los mzungus.
Los excrementos de las vacas, nos explica el encargado, van a parar a una especie de canales que desembocan en un gran depósito, donde son mezclados con agua que sale de una manguera. Mientras nos hace una demostración del proceso podemos ver como se hunde hasta las rodillas en un charco de mierda, para después remangarse hasta los codos y hacer una mezcla en directo para que no perdamos detalle de la metodología de producción de la planta.

 Vacas suizas vs vacas maasai
Una vez bien removida la materia prima, nuestro hombre la mete por un agujero en un tanque subterráneo del que sale una pequeña manguerita del ancho de un dedo, y por la que se ven manar unas burbujitas de metano, producto de la descomposición de la materia orgánica contenida en los desechos de las vacas suizas de Babati.

Es decir, la famosa planta ecológica de gas era en realidad "una fábrica de pedos".

Alucinados con la visita, continuamos al interior de la casa siguiendo el recorrido de la manguerita. que al entrar se dividía en 2 ramales. Una vez dentro el dueño nos encendió la luz del salón, que resultó ser una lampara de gas conectado al tubo de goma, pero que por el olor que desprendía fruto de la mala combustión parecía estar conectado directamente al culo de la vaca. El otro ramal llegaba hasta la cocina, donde una cacerola humeaba, y donde supusimos se cocían unas judías al metano, o un arroz al cuesco.


Durante la, a pesar de todo, encantadora visita a la planta de gas, hacemos unos cuantos amigos entre los vecinos de los alrededores, que amablemente nos acompañan hasta una colina cercana, desde donde agotados podemos contemplar toda la ciudad de Babati y su precioso lago, donde según cuentan habitan numerosos hipopótamos.
Decidimos que después de comer nos acercaríamos a la orilla en busca de la oportunidad de verlos.


Tras el paréntesis culinario y aún con la manos pringadas de los deliciosos mangos del postre, llegamos al Lago de Babati. Allí charlamos con 2 pescadores  ya en el borde del agua. Ellos nos llevarán en sus canoas hasta el lugar donde viven los hipopótamos.

Hipopótamo en Manyara
El hipopótamo es el animal que más personas mata en Africa. A pesar de ser herbívoro,  es profundamente territorial y no tolera ninguna intromisión en su hábitat. Sus más de 3000 kilos, unidos a su agresividad, sus colmillos, y al hecho de poseer una boca capaz de tragarse a  una persona entera, hacen de él un ser temido por la gente en general y por los pescadores en particular, ya que en ocasiones comparten con ellos su lugar de trabajo.


Las embarcaciones de nuestros pescadores consisten en un tronco cortado por la mitad y vaciado por dentro. Un sólo remo es suficiente para impulsarnos entre las aguas claras y someras, llenas de vegetación de ribera, juncos, y arbustos cuyas raices se entrelazan a veces por debajo del casco de nuestros botes.

A pesar de que nuestros pescadores insisten en contarnos que los hipopótamos son abundantes en el lago, en esta ocasión parece que aún no han despertado de su siesta habitual, y no encontramos ninguno en el lugar esperado.
Buscamos en otro sitio donde suelen estar, para ello atravesamos zonas llenas de pájaros diversos: garcillas, cormoranes, algún águila pescadora, e incluso garzas reales. El lugar rebosa vida, los sonidos son innumerables y la brisa es fresca. El entorno es magnífico. Cada poco tiempo  tropezamos con alguna red de pesca, y nuestros guías aprovechan para rebuscar por si ha picado algo. No pasa mucho tiempo hasta que enredada en la malla aparece la primera tilapia, un pez de tamaño mediano fundamental en la dieta de muchos tanzanos, y habitual en los numerosos lagos de agua dulce del país.

Llegamos a un claro en la vegetación cuando los remeros piden silencio, parece que han oído el resoplido de un hipopótamo. Este sonido característico es muy parecido al de una ballena cuando asoma el lomo y expulsa algo similar a un pequeño geyser fuera del agua. Todos nos callamos de inmediato. Prestamos la máxima atención. El tiempo se detiene. Observamos todo con mil ojos, y sólo se oyen los leves sonidos del remo al entrar en contacto suave con el agua tranquila del lago. Nuestra piragua se acerca un poco más entre la vegetación hacia los densos cañaverales.

No te menées que volcamos o yate de lujo en Babati. Foto by Marta Nieto.
Si pasas de ahí, mueres, nos dice el remero de la otra embarcación. Sigue sin oirse nada. Nuestro pescador golpea el casco de la canoa con el remo a modo de tam tam, para tratar de llamar la atención, pero nada nuevo ocurre. Seguimos esperando detenidos, con los ojos fijos en la profundidad de los juncos.


La canoa se acerca 2 o 3 metros más, nos empuja una mezcla de curiosidad, miedo, inconsciencia, el vértigo del que hablaba Milan Kundera. ¿Por qué seguir si podemos dar la vuelta? ¿Por qué el abismo nos atrae? Estamos al borde de la linea que según los pescadores, si traspasas puedes morir.
La tensión es máxima, solo se oye el repetido golpeteo hueco del remo en la madera. Toc, toc, toc, toc. Cualquier pájaro nos sobresalta. La inercia, el viento o la corriente, nos empujan un metro o 2 más adelante. El pescador de la otra canoa nos vuelve a advertir: "¡No entreis más!" Miramos a la cara de nuestro remero esperando una reacción que no llega. La alerta nos hace volver a mirar la espesura.

Ambos remeros esperan una buena propina por sus servicios. Si los hipos no aparecen sospechan que la recompensa será menor. Pensamos que esto es lo que está ocurriendo, y por eso el riesgo está siendo mayor.
Alguien en ese momento dice, "Ok, let´s go, vámonos"


En el camino de vuelta volvemos a rebuscar entre las redes que vamos encontrando. Un par de tilapias más aumentan la cosecha de pescado. Una vez pasados los momentos de tensión y emoción, continuamos el camino ya en aguas abiertas, entre risas y anécdotas de la situación vivida.

¿Donde estarán los hipos?

El lago está más bonito aún si cabe al atardecer. la luz naranja primero, y violácea después, muestran un paisaje espléndido. El Monte Hanang, nuestro objetivo primitivo, se ve inmenso en el horizonte, los sonidos del lago se multiplican, los colores también. La gente redobla su actividad en las orillas,  y a esta hora el trajín de caminos y mercados llega filtrado hasta nuestras canoas.
Ya cerca del punto de partida nuestros pescadores nos llevan  en busca de la última red, a un nuevo y estrecho canal otra vez rodeados de vegetación. Entre las mallas otro pez parece haber picado...
La decepción y la risa surgen simultáneas en nuestro barco cuando vemos que lo que hay en la red es un pájaro esmirriado cuyo aspecto es todavía más lamentable al tener las plumas empapadas y toda la pinta de llevar muerto unos cuantos días.
¿Cómo puede picar un pájaro en una red subacuática? Misterios de África...

Súbitamente un resoplido se oye entre los juncos. Bbrrrrffff... Esta vez todos lo hemos oido. Las risas cesan inmediatamente. No vemos de donde ha salido. Nuestros guías agudizan el oído. Nada ocurre.

Agudizan también la vista, el olfato, y sobre todo el brazo que mueve el remo por si hay que salir corriendo. En unos segundos un nuevo resoplido. Bbrrrrrrrffff.  Esta vez hemos visto salir el chorro de agua vaporizada entre la vegetación. El hipopótamo parece haberse hundido. Volvemos a respirar. Esperamos unos segundos y el pescador golpea de nuevo el casco con el remo, toc, toc, pero mucho más suavemente que antes. Esta vez el animal responde, ffffrrrrsss, un nuevo resoplido y la cabeza asoma del fondo del lago. Están a unos 50 metros. La distancia nos parece suficiente para huir, pero por la cara que ponen nuestros guías creemos que debemos estar bastante cerca del límite. ¿Y si ademas hubiera otros escondidos más cerca?
Un cuarto resoplido nos parece suficiente y salimos pitando de allí. Remamos a toda pastilla, sin mirar atrás e incluso ayudamos con nuestras manos para sumar más fuerza al impulso. Tumbados en la proa a veces quitamos ramas que entorpecen el avance. Nos vamos con toda la energía que podemos y salimos de nuevo a las aguas profundas.

Tilapia fresquita
Unas horas después, mientras comentábamos como habíamos podido pasar de ir a subir un volcán a terminar pescando hipopótamos, degustábamos exquisita tilapia a la brasa en la cálida noche de Babati. Somos 4 y sólo había 3 peces. ¿Alguien se estará comiendo el pájaro? No parece. Estamos seguros de ello porque hemos visto a uno de los pescadores con su bici en el pueblo, en un puesto del mercado comprando pescado. Aquí los pescadores no son como los de antes.

Y como en los tebeos de Astérix que siempre terminan con una gran cena tras la pequeña gran aventura, en aquel momento nuestra tilapia sustituía al tradicional jabalí asado, pero la hoguera, el cariño, la atmósfera, y la magia que se respiraba aquella noche en aquel rincón perdido de Africa no tenía nada que envidiar a la que respiraban hace 2000 años los  famosos e irreductibles galos.

04 diciembre 2009

Los taxistas de Same


Los taxistas de Same permanecen la mayoría del tiempo junto a la estación de autobuses. Por allí se buscan la vida en lo que pueden, llevando a la gente al mercado, al hospital, a la oficina del distrito, o a tomar una cerve al garito de la esquina.

Si queréis tomar un taxi, el sentido de la anticipación es fundamental en este caso, ya que  hay que adelantarse a los acontecimientos. Si has quedado para cenar a las 8, no puedes llamar al taxi a las 7:45 aunque solo haya un kilómetro de tu casa al bar. Ten en cuenta que el conductor tiene que despedirse de sus compañeros de parada, arrancar el coche, saludar a todo el que se encuentre por la carretera, saludarte a ti cuando llegue, preguntarte por familia, trabajo, etc, hacer un par de gestiones en el camino de vuelta al centro, en fin, muy divertido.

Observar el estado del coche podría parecer fundamental, sin embargo no hay mucho donde elegir. Todos tienen el cristal delantero rajado, como mucho funcionará una luz  y las ruedas serán lisas.

Una carrera entre plataneras...

Puede ser una garantía escoger uno que está aparcado cuesta arriba. Me explico; muchas veces los taxis no arrancan, y es por eso que los aparcan cuesta abajo para luego aprovechar el impulso. 
Una vez se dio el caso de que toda la rampa del pueblo no fue suficiente para arrancar un coche, por lo que nuestro conductor optó por continuar por el maizal una vez llegado al puente (final de la cuesta) para aprovechar la decena de metros hacia abajo que aun quedaban hasta el río. Por supuesto el taxi no arrancó, nosotros nos bajamos espantados, e ignoramos como fue sacado aquel coche empotrado en los cultivos en medio de la noche.

La mayoría de conductores son de la tribu Pare, y por tanto hablan el kipare. Recuerdo que alguna vez trataban de enseñarme su idioma, y me soltaban alguna palabra suelta para que la aprendiera. Cuando me contaron que caminar se decía "kubata", les conté lo que cubata significa en castellano, mientras hacía el gesto de beber llevándome la mano a la boca con los dedos pulgar y meñique extendidos.

¿Lleno, por favor?
Una semana más tarde mientras me daba un paseo en bici por la montaña, me adelantó un coche pitando  cuyo conductor  no paraba de gritar desde el taxi "¡¡¡¡ KUBATAAAA, JA, JA !!! ¡¡ KUBAAATA, JA, KUBATA, KUBATAAAA, JA, JA, JA, JA, !!!!! con medio cuerpo asomado por la ventanilla haciendo el gesto de beber con la mano y una sonrisa de oreja a oreja, mientras los pasajeros horrorizados miraban a su chofer con cara de susto mortal.



Nuestro taxista favorito es Dani. Dani chapurrea inglés y en su radicasette siempre que viene a buscarnos  nos deleita con Celine Dion, o Maria Carey, suponiendo que por ser blancos nos va a gustar más que el genuinamente tanzano "bongo flavour", su estilo musical favorito, (y el nuestro).

El coche de Dani por supuesto lleva un tapete en el salpicadero, flores artificiales colgando por todas partes, la bandera tanzana, y a veces a su hijo Oweni, de 4 años. Algunos de los  momentos más entrañables que hemos vivido aquí han ocurrido en el taxi de Dani, mientras Oweni disfrutaba viéndose en la pantalla digital de la cámara, se reía hasta no poder más, y contaba en inglés "desde one, hasta teni" mientras nos hacía decenas de fotos a nosotros, y pedía a su padre que no se acabara nunca el viaje.

26 junio 2009

Crónicas Tanzanas I: Cómo salir de Zanzíbar.


Playas de Bwejuu

Hola people.

Tras una semana de playa en Zanzíbar, y tras leer algunos mails de los amigos españoles, que vinieron a visitarnos estos ultimos 15 dias, puedo confirmar que el síndrome postvacacional es un estado mental y físico mundial, y diria que universal… Aquí en Same tambien se sufre.

De Zanzíbar que quereis que os diga, aguas turquesas, arena blanca, cocoteros, langosta en fin, el paraíso, o mejor… mirad las fotos que hicimos.


Puerto de Stone Town
En la capital Stone Town, la gente al saber que éramos españoles nos decían cosas como “¿Que pasa neng? “ o “Pecadorrr de la pradera” con acento swahili. Es verdad que Zanzíbar siempre ha sido mezcla de culturas según está escrito en la guía de la lonely planet.

El nombre de TANZANIA proviene de la unión de 2 países; TAN-ganica y ZAN-zíbar, que dieron lugar a TAN-ZAN-ia en los años sesenta. Zanzíbar es una isla rodeada de arrecifes de coral, a 50 km de la costa contiental y que en su momento fue muy importante debido al comercio de especias, y esclavos. Tiene influencias árabes, bantúes e indias. A diferencia de Tanganika donde musulmanes y cristianos estan repartidos, en Zanzíbar el 95% son musulmanes…

Esta rica herencia historica, ha debido provocar que las costumbres sean muy variopintas y diferentes a las del resto del mundo, un claro ejemplo de esto es el sistema de embarque en el aeropuerto de la isla, que padecimos o disfrutamos, según se mire, al marcharnos, y que paso a explicar a continuación.

Lo primero es bajarse del taxi y buscar los mostradores de facturación espantando a los porteadores espontaneos que tratan de arrancarte la maleta de las manos, aunque tu les jures que pesa 2 kilos, y que puedes perfectamente con ella.

Los mencionados mostradores consisten básicamente en un señor con una mesa y una báscula antigua como las del mercado en las que una aguja marca en un círculo el peso del equipaje. Este señor se encuentra en la acera del parking del aeropuerto, es decir EN LA CALLE, con un cartón colgado de la cornisa del techo del edificio aeroportuario en el que aparece el logotipo de la compañía aerea. La cornisa solo tapa al señor y al primero de la cola, no quiero pensar que ocurrirá cuando llueva y haya 20 personas con equipajes calándose enteros…

Cuando llega tu turno, el señor escribe en un formulario de papel (tipo cuaderno del cole de los años 70), con un boli, el codigo del vuelo y el nombre del pasajero, y te lo entrega. Esta es tu tarjeta de embarque, sin numerar, como en el cine antiguo. Pesan la maleta le ponen la pegatina y la dejan al otro lado.
Playas de Bwejuu



Después de esto hay que buscar la entrada al edificio que es una puerta del ancho de las de vuestra casa, y una vez dentro otro señor te indica el camino hacia un montón de maletas, todas ya facturadas esparcidas por el suelo. Sorprendentemente entre ellas está la tuya, y el señor te explica que tu mismo la tienes que llevar hasta otro mostrador en donde un operario la recoge y la lleva al avión.

En el escaner previo a la sala de embarque nos ven cara de fastidio porque llevamos una botella de litro y medio de agua teóricamente capaz de contener explosivo líquido para derribar la flota entera de air tanzania. La señorita del escaner sonrie y nos dirije una mirada de complicidad que interpretamos como “amos, anda, tirar palante con la botella” posteriormente confirmada verbalmente con el popular dicho “hakuna matata” (no hay problema).

En la sala de embarque hay una tienda dutifri, pero como no volamos al extranjero no podemos comprar nada, ni unas galletas, y eso que con las prisas no hemos comido. ¿Qué tendrán de especial las galletas del dutifri?


De "vacas" en las playas de Bwejuu
Desde la sala se ve la zona donde llegan y salen los aviones, los que llegan parece que van buscando donde hay sitio para aparcar, los que salen frenan cuando se cruzan con otro que llega, la gente va caminando por aquí y por allá, en el parking de aviones, y da la impresión que los pasajeros del kenya airways, se van a subir en el avion de la air ethiophian y viceversa, pero no… Como siempre en Tanzania aunque parezca imposible todo acaba saliendo bien.

La megafonía de la sala es otro señor junto a la puerta que hace hueco con las manos delante de la boca y grita el número de vuelo y el destino para que la gente se ponga en la cola y vaya saliendo para la escalera del avión. Parece rudimentario pero no sabéis el volumen, tono y timbre de voz que tienen los tanzanos, parecen todos cantantes de blues.

“Pasajeros a Dar es Salaam , por favor, que nos vamos…” Nos toca, que pena, se acabaron las vacaciones…

Besos pa tos.


Dhow en la playa de Kendwua

23 junio 2009

Crónicas Tanzanas II: Hay oro en los Montes Pare

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Vista de Chome


Mambo vipi?
Desde Same el NO-DO tanzano pero en colores…

El Titular:

¡¡¡¡¡¡¡ HAY ORO EN LOS MONTES PARE…!!!!!!


El resumen:

En el transcurso de una bonita excursión en torno a la selva de montaña del pico Shenghena, un grupo de senderistas se vio sorprendido por la presencia de buscadores de oro, que ejercían ilegalmente su oficio, como en el lejano oeste americano del siglo XIX.


La noticia:

Durante el pasado fin de semana un grupo de excursionistas blancos se acercó en vehiculo 4x4 a la aldea de Chome, distante 40 km de Same con el objetivo de disfrutar del clima fresco de montaña y de una ruta senderista por los alrededores del lugar.

Mmmh... ¡Judías makande!
Priméramente, el sábado se produjo un interesante intercambio de culturas, ya que tras obsequiar a los extranjeros con un baile local, los lugareños pidieron a continuación al grupo un baile tradicional español. La elección resultó ser “el baile de los pajaritos” de Maria Jesús y su acordeón. Tras un comienzo un poco titubeante, algunos habitantes de Chome se unieron a la coreografía, disfrutando sin duda del interés etnográfico de este gran baile.

El evento se producía en la misma puerta de una choza que hacia las veces de bar, y donde los más rudos hombres del pueblo se ponían ciegos con aguardiente de caña elaborada en el mismo patio trasero de la tasca. Estos mismos hombres animados por el jolgorio, y sobre todo por el alcohol, salieron a la improvisada pista y se intercalaron entre los demás, moviendo el culito a la vez que se agachaban, aplaudían y cantaban el colofón del estribillo de la famosa canción “pam, pam, pam, pam…”

Tras las incontables risas y un reparador sueño nocturno dificultado por un coro de un millón de ranas, los entusiastas montañeros despertaron el domingo y comenzaron la caminata muy de mañana y con la legaña dificultando la visión, tras el considerable madrugón.

      ¿Tribal dance?

Después de 2 horas y media de empinada cuesta, el paisaje del pico Shenghena techo de los montes Pare del sur, justificaba el esfuerzo. Pudieron observar árboles gigantescos y únicos, lianas, helechos gigantes y monos pertenecientes a especies extrañas, cantos de pájaros y un sinfín de curiosidades más. Al cabo de unos minutos, el mencionado grupo pudo observar entre los árboles, a un grupo de personas lavando unos pantalones en el río.

¿Qué hace un grupo de personas lavando pantalones a 2000 metros de altura, a 10 km del pueblo? ¿Por qué este empeño en ir limpios cuando por estos pagos los pantalones se sostienen solos de pie de la mierda que tienen? Aún sabiendo que los domingos los cristianos del lugar se visten con sus más elegantes chaquetas de manga corta, combinadas con las más estrafalarias bambas de deporte, todo resultaba extraño…

Pare people
El guía se acerco a indagar y al rato volvió contando que había rumores acerca de la presencia de oro en estas montañas, y que aquellas personas estaban buscando de forma ilegal el preciado mineral. Los pantalones los lavaban para disimular su presencia en el lugar en el caso en el que agentes del gobierno les descubrieran en su faena. La sorpresa que causó este comentario no fue nada en comparación con la que produjo el hecho de que tras la conversación con el guía, aquellos hombres estaban dispuestos a mostrar como lo hacían.

El grupo avanzó hacia el interior del bosque donde se abría un claro. En aquel lugar había mucha más gente junto al curso del río, todos mostraban sorpresa y sensación de desconfianza, se notaba un repentino cese de la actividad que estaban realizando, cualquiera que fuese aquella. A pesar de estar parados, a la mayoría les caían las gotas de sudor por la cara. También había hogueras, e improvisadas tiendas de campaña hechas con jirones de telas, algunas mujeres hacían comida en pucheros humeantes. La tierra estaba removida por todas partes. Las miradas desafiantes en algunos que portaban machetes enormes, causaron una gran sensación de alerta e inseguridad en los miembros del grupo de blancos, ante la visión de aquel autentico campamento.

La fiebre del oro. (Photo by Jordi Hernández)
Pese al palpable nerviosismo que la presencia de extranjeros causaba en algunos de los hombres, y tras repetidas discusiones entre ellos, ante el asombro general un pequeño grupo de buscadores comenzaba a cavar delante de los recién llegados, un hoyo en el suelo. De aquel agujero empezó a salir una tierra amarillenta, y húmeda formada por grumos apelotonados. A continuación uno de ellos comenzó a deshacerla con las manos en un recipiente con agua y comenzaba el bateo de aquella mezcla con una habilidad increíble.

La visión de todo aquel proceso hizo al grupo sentirse en medio de la fiebre del oro que se despertó en California o en Nebraska, en tiempos de Billy el niño y Toro Sentado. Cada vez iba quedando menos tierra y menos agua en el fondo de aquel plato semiesférico. La expectación iba creciendo por momentos. Al cabo de unos minutos y un montón de meneos aquellos harapientos hombres que vivían y dormían junto a la selva en condiciones penosas, se arremolinaron junto a la orilla para ver el resultado, y entre gritos y palabras ininteligibles primero, y sonrisas de satisfacción después, acercaron a los incrédulos blancos el resultado de su trabajo. Ante ellos, destelleaba en el fondo de la batea una pequeña pepita de oro…


Lago Kalemawe desde los Montes Pare

31 mayo 2009

Excursiones

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Proximamente:
El club La Liga, Mbaga, Mkomazi, Irente, Lushoto, etc
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Lake Chala.

El lago Chala es de origen volcánico y se encuentra en el fondo de un cráter en las faldas del Kilimanjaro.
La mitad oeste pertenece a Tanzania y la mitad este a Kenya.
Sus aguas son cristalinas y de origen subterráneo, dicen que tiene más de 100 metros de profundidad.

El lago Chala desde la orilla tanzana

Para visitarlo, hay que llegar al puesto fronterizo de Taveta, a unos 40 km, por carretera asfaltada, al este de Moshi (fugonetas tipo daladala desde la estación de autobuses). Apenas 50 metros antes de la frontera sale un camino a la izquierda que 14 km después llega al borde del lago. En este punto hay un hotel abandonado a medio construir. Desde aquí no se ve el agua, hay que andar uns pasos hasta asomarse al crater. Un camino desciende hasta la orilla donde uno se puede dar un baño espectacular. El ascenso puede hacerse por otro sendero que remonta las paredes un poco más hacia el norte. 

El lago es azul intenso y el entorno magnífico. El pico Mawenzi de más de 5000 metros domina el paisaje. Hay excrementos de elefante en la zona por lo que no sería extraño toparse con alguno. Desde Taveta el camino no es recto y hay muchos cruces por lo que hay que preguntar a los granjeros para llegar.

No hay transporte público. En Taveta se puede tomar un taxi negociando el precio. En Himo Junction 10 km antes de Taveta, suele haber más taxis. Himo es un cruce muy importante y está a 30 km de Moshi y 90 de Same. Todos los autobuses y daladalas paran en Himo. Está lleno de puestos de fruta, tienditas, buscavidas, etc. Hay mucho ajetreo.

Por internet circula una historia acerca de una chica inglesa que fue devorada por un cocodrilo. En el lugar aseguran que nunca ha habido cocodrilos en el Lago, que no es su habitat debido a la profundidad del lago, lo abrupto de las orillas, la transparencia de las aguas, o la ausencia de presas de las que alimentarse. 

¿A alguien le suena otra historia parecida,también de un lago, pero  por la zona de Escocia...?